Después de más de un mes tirado en cama por una neumonía que lo traía bien sacado de onda, el Papa Francisco salió este domingo del hospital Gemelli en Roma. El señorón de 88 años salió en silla de ruedas, con su oxígeno colgado como si fuera herramienta de trabajo, y nomás levantó la manita pa’ saludar a la raza que lo esperaba afuera.
Ya de regreso en el Vaticano, con voz bajita pero con los pantalones bien puestos, el viejito pidió que paren los bombazos en Gaza y que ya le bajen dos rayitas al relajo. Aunque se ve medio madreado, el patrón sigue al pie del cañón… ¡y no lo tumba ni el concreto mojado!