Este 20 de marzo, un bonche de madres buscadoras se lanzaron con toda la fe al rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco, esperando encontrar alguna pista de sus hijos desaparecidos. Pero lo que encontraron fue un sitio tan limpio que parecía que le habían pasado la escoba del olvido: nada de restos, nada de indicios… ni una triste colilla de cigarro quedó.

La periodista Sandra Romandía, que andaba en el lugar, contó que lo que había era puro coraje y frustración, pues la galera donde supuestamente dormían los jóvenes reclutados estaba más barrida que patio en quincena. “Ya no hay nada de lo que se había encontrado”, soltó mientras mostraba cómo los medios caminaban por el sitio, sin miedo a pisar evidencias porque, pues ya no quedaba ni el polvo del crimen.