La raza del Molino Rinconeño se puso las pilas y, con botes de pintura en mano, le dieron una buena enchulada a sus cantones. Cada quien escogió su color pa’ dejar su casa bien presentable, en una talacha que armó el gobierno de Meoqui con la alcaldesa Miriam Soto al frente. No nomás se trató de darle vista al lugar, sino de jalar parejo y reforzar el sentido de comunidad entre la banda rarámuri.

Pero la obra no para ahí. La licenciada Zenyith Pérez, mera mera de Desarrollo Social, avisó que también van a plantar árboles, componer los baños y hacer actividades pa’ los morritos, pa’ que la cultura rarámuri no se apague. De paso, lanzó el grito a quien quiera arrimarle el hombro, porque todavía queda chamba por hacer y aquí nadie se raja.