Con 61 votos a favor y solo uno en contra, el Congreso de la CDMX decidió que la tauromaquia ya no se hará a la antigua, donde el toro era la víctima. Los legisladores dijeron basta de maltrato y aprobaron que las corridas sean sin violencia, lo que significa que los toros ya no serán sacrificados ni lesionados. Mientras tanto, en las calles se armó un desmadre: se desplegaron policías y vallas para resguardar el recinto, pero algunos manifestantes se pusieron a dar pelea y hasta un poli se rompió la nariz en el forcejeo. ¡Así de enredado quedó el asunto!

 

La jefa de Gobierno, Clara Brugada, celebró la reforma diciendo que la fiesta taurina se transforma para adaptarse a los tiempos y proteger a los animales. Con la nueva ley, cada toro o novillo solo podrá estar 15 minutos en el ruedo y, de paso, se prohibe el uso de rejones y objetos que puedan lastimarlos. Aunque algunos, como el diputado Pedro Haces de Morena, se quejaron del oportunismo político de la oposición, la mayoría de la gente y organizaciones a favor se pusieron a gritar “¡Sí se pudo!” en las calles. ¡Ya cayó el cambio y el toro puede correr libre sin que le hagan daño!