Grassi, la parte oscura de la iglesia del Papa Francisco

El Papa pidió perdón en Chile por los curas pederastas.

Apenas pisó Santiago de Chile, el papa Jorge Mario Bergoglio buscó anticiparse a los escándalos de pedofilia que estremecen al país trasandino y pidió perdón.

“Aquí no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza que siento ante el daño irreparable causado a niños por parte de ministros de la Iglesia”

 

Asi declaró el pontífice poco antes de la reunión “estrictamente privada” que mantuvo con víctimas de abuso sexual por parte de sacerdotes chilenos, según confirmó el vocero de la Santa Sede, Greg Burke.

Según una investigación realizada hace un año por periodistas de la agencia estatal Télam, se registran cuatro nuevas denuncias de abuso sexual eclesiástico por año, pero sólo tres casos fueron sancionados con la máxima pena prevista por la expulsión del sacerdocio. El dato, a partir del caso del sacerdote Julio Cesar Grassi, tiene una proyección estremecedora, ya que hasta el año pasado había 59 sacerdotes y tres monjas denunciados, pero sólo ocho fueron condenados.

En el comunicado, difundido desde Buenos Aires durante el segundo día de la gira papal por Chile, la organización de víctimas de la pedofilia eclesiástica se solidarizaron con sus pares chilenos “en su dolor singular y en su humana búsqueda de respuestas”, pero redoblaron la apuesta y confirmaron su sospeche “de que el Vaticano tiene una completa y actualizada base de datos de sus víctimas”.

El pronunciamiento denunció, además, “la premeditada selección de personas vulnerables, el proceder secreto y oscuro del pontífice, la negativa a recibir reclamos concretos de parte de los afectados y la consiguiente manipulación efectuada por el máximo jerarca católico. Todo ello deja ver la contumacia en su proceder ladino, contrario a la transparencia que finge ostentar”, disparó el agrupamiento de víctimas.

En su acusación, aseguraron que Bergoglio “ha vulnerado el derecho de todas las víctimas a ser convocadas por igual, ya que deben ser ellas las que decidan ejercer o no el derecho a concurrir a una reunión y no ser seleccionadas como ovejas por el poder religioso”. La reunión secreta, para los denunciantes, “representa un nuevo acto de abuso de poder y violación de derechos humanos disfrazado de tolerancia y arrepentimiento”.

El duro comunicado fue emitido dos días después de la presentación que hizo la organización ante el cónsul chileno en Mendoza, conmocionada desde 2016, por los abusos comprobados en el Instituto Próvolo, de la localidad de Luján de Cuyo, dedicado a la atención de niños hipoacúsicos. Según las investigaciones judiciales, se registraron abusos desde el año 2008 en esa institución eclesiástica.

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